domingo, 29 de junio de 2008

Meanwhile, in the other part of the city...

Toda Barcelona está pendiente de la final. Meanwhile, in the other part of the city me acabo de tragar enterita Sex & The City y, lo reconozco, sigo igual de petardo que entonces, sólo un poco menos consumista, pero igual de petardo. Es que Carrie me cae bien.

sábado, 28 de junio de 2008

so...

who needs mr. Big, cuando tienes un cachas en casa?

jueves, 26 de junio de 2008

Perder

He perdido mi iPod. No, de hecho, mi iPod ha desaparecido. Lo tenía en mi mano. Sonaba Predictible de Van Bran 2000. Yo estaba dentro de un coche, un espacio controlable, pequeño, cerrado. Estaba hablando con mi amiga Andrea. Suena el teléfono. Mi amiga Eva. Cuelgo. El iPod ya no estaba. No le di importancia, pero el iPod ya no estaba. Lo eché de menos cinco minutos después, pero ya era demasiado tarde, el iPod se había ido para siempre. Me he sentido triste e impotente.

No es la primera vez que pierdo algo de esa manera. Mi amiga Andrea no lo entendía, porque estaba conmigo, en el asiento de al lado. Quería una explicación lógica. Ha reconstruido los hechos, uno por uno, pero el iPod ya no estaba. Yo, triste e impotente, le he dicho que no había nada que hacer porque, de vez en cuando, me pasan ese tipo de cosas. He bajado del coche y he vuelto a casa andando, triste e impotente, no por el iPod, sino porque, contagiado del espíritu de Andrea, quería una explicación, lógica o no, para esta perdida.

Lo primero que se me ha ocurrido es que he tenido una enajenación transitoria, de una milésima de segundo, y se lo he lanzado a alguien a la cabeza mientras hablaba por teléfono. Esta acción ha sido tan repugnante que he decidido borrarla para siempre de mi memoria, siendo la ausencia del iPod la única secuela, y castigo, de un acto deleznable.

Lo segundo que se me ha ocurrido, porque he recordado algo que me dijo hace años una pirada que quería ligar conmigo, es que el Universo me ha dado tanto que, de vez en cuando, se lo cobra haciendo desaparecer cosas de mi alrededor. No cuela.

Lo tercero que se me ha ocurrido es que cada vez que contacto con Mr. Big empiezan a suceder cosas raras a mi alrededor que me hacen sentir triste e impotente. Perder el iPod ha sido simplemente mala suerte, porque Mr. Big es gafe, por lo menos para mí. Esta explicación, aunque reconfortante, sigue sin aclarar cómo el iPod ha desaparecido, incluso lo del Universo tiene más sentido.

Definitivamente he debido usar el iPod como proyectil y lo he borrado de mi memoria. Por si las moscas, encenderé una vela blanca para agradecerle al Universo todo lo que me ha dado, y no volveré a pensar en Mr. Big. La pérdida del iPod será mi penitencia y me sobrepondré, porque tener apego a las cosas no es nada de izquierdas.

miércoles, 25 de junio de 2008

Mr. Big

¡Cuánto daño ha hecho Sex & The City! Antes éramos muy pocas las sensibles, las rayadas, las difíciles, las muy fáciles, las histéricas, las pesadas, las que llaman y a las que nunca llaman. Después lo fueron todas.

Por suerte, hablar de Sex & The City por un tiempo estaba prohibido, era demasiado obvio, como era demasiado obvio llevar un modelazo y un taconazo, o aparecer como una frívola, una profesional, una cazamaridos o una putorra. Las que lo hacían eran unas wannabes tan evidentes, que ni siquiera molestaban. Ahora, con la peli todo vuelve.

Acabo de cenar con una amiga; una amiga treintañera, bastante mona, soltera, cómo no. Yo; perdido, bohemio, caradura y un poco marica. El restaurante; del restaurante mejor no hablar, un poco moderno. La conversación, una pérdida de tiempo.

Hemos hablado de lo bien que me siento siendo soltero, de mi incapacidad para entablar una relación formal. Hemos hablado de lo enganchada que está mi amiga a un capullo desde hace diez años. Él es rico, por supuesto. Luego me ha contado que el panorama está fatal, que el otro día fue a comer con un ex militar, que el ex militar, además de guapo era muy agradable, tanto que la comida se convirtió en merienda, y la merienda en cena; que llovía y que se fueron a casa; y que nada más cerrar la puerta, el ex militar se desnudó por completo delante de ella.

Ella no entendió que un chico, ex militar para más señas, después de nueve horas de charla, una vez en casa, se desnudara. Mi amiga pidió un taxi y se fue. Yo me lo hubiera follado. Lo peor de todo es que mientras ella me contaba la historia yo le envié un mensaje a Mr. Big. Espero que éste no sea el principio de la enésima temporada de No Me Jodas & The City.

Lentejas Nottinghilleras

A mediodía, he tenido el honor de estrenar la cocina de La Casa de Carlitos y Patricia. La Casa es una boutique creativa (aunque ridículo, adoro ese concepto porque me recuerda a primero de carrera y, por lo tanto, a cómo yo concebía y prejuzgaba el mundo de la Publicidad), y en las boutiques no se cocina o, como diría algún publicista cursi, sólo se cocinan ideas; pero Carlitos y Patricia son así, muy de Madrid.

Cuando me invitaron no sé ni cómo acepté; bueno si lo sé, acepté porque me hizo mucha ilusión, tanta que me salté a la torera dos mandamientos básicos de la buena cocinera: nunca cocines en la cocina de otro y, jamás cocines para más de cuatro invitados. Pero eso nada importaba ya, ahora tenía que estrenar una cocina; la cocina de una boutique creativa; la cocina de una boutique creativa de unos tipos de Madrid en Barcelona. Sólo quedaba una salida, cocina de fusión, cocina de fusión cañí, cocina posh-cañí: ¡lentejas nottinghilleras!

En Londres, con muy poco dinero y una casa en Notting Hill, comprar comida en el mercado de Portobello Road fue lo único que pude hacer mi primer día libre de aquel año. Comprar comida y conocer a mi primer novio de aquel año... Compré berengenas y calabacines, aubergines and zuchinis, y un montón de especias; el chorizo se quedó en España, pero conseguí un bote de lentejas en Suárez (o Fenández) & Sons. Y aquella tarde fui el chico más feliz del mundo, free as a bird, libre como Carlitos y Patricia.

martes, 24 de junio de 2008

All Day Long

Desde pequeño, siempre he contado los años de curso escolar en curso escolar; al principio, de junio en junio; después, de septiembre en septiembre; para volver otra vez, desde que empecé a trabajar, a contarlos de San Juan en San Juan.

Ahora no voy a hacer un balance de este último año, ya lo hice justo antes de empezar a escribir este blog. Tampoco voy a hacer una lista de buenos propósitos; las listas demasiado largas no son muy efectivas. Lo que sí que he hecho esta última semana, ha sido intentar dejar todo claro y ordenado, para lo que tiene que venir, que no sé qué será, pero sí lo intuyo.

Los preparativos empezaron con el viaje a Valencia y el examen de catalán. El siguiente paso fue echarme las cartas, y no para ver mi futuro, sino para ordenar el presente. Ordenar, ordenar, ordenar. Y sigo ordenando, porque cuanto más ordeno, más oportunidades se presentan.

En dos semanas he comido, cenado o desayunado con casi todas las personas que me importan o me han importado. No lo había planeado, pero ha fluido de esa manera. Con algunos he hablado de cosas muy personales, con otros de tonterías y con otros, los menos, ni los he escuchado.

Ordenando y hablando, he visto claro cómo quería que fuese el año que entra. No me refiero a nada en concreto, pero sí a algo más profundo: sé cómo quiero ser y sentirme hasta el próximo verano. Es la primera vez que lo hago. Espero que funcione porque hasta ahora me había planteado objetivos del tipo quiero vivir aquí, trabajar allí, comprarme esto y acostarme con lo otro. Al menos este año, sé que será sorprendente, y espero que también emocionante.

Una vez hecho todo esto, el siguiente paso ha sido celebrarlo. Me puse un smocking azul tinta y pasé un día maravilloso junto a cuatro personas maravillosas: Jose María, Eva, Juan y Patricia. A ellos, y también a Oriol, les dedico All Night Long de Lionel Richie.

lunes, 16 de junio de 2008

Fortuna

Hacía más de seis años que no hacía un examen al uso. Y hacía doce que no iba a mi instituto. El sábado fui a mi instituto, y en la misma clase que estudié COU, hice un examen de catalán, igual que hace más de una década, cuando yo tenía dieciocho años, poco pasado y mucho futuro, sólo que este sábado tenía más pasado y menos futuro que entonces.

El edificio, planteado como provisional doce años antes de que lo ocupase, seguía en pie doce años después de que lo dejase. El mismo tipo de sillas, mesas, pizarras, y personas. Lo único diferente era yo. Bueno, sí y no. Evidentemente ni las sillas, ni las mesas, ni las pizarras, ni mucho menos las personas eran aquellas con las que yo compartí aquel año de mi vida. Si hubiesen sido las mismas, el paso del tiempo, igual que pasaba conmigo, hubiera sido más que evidente, y yo no hubiese podido viajar por la cuarta dimensión.

Empecé mi viaje cuando sonó el despertador, desayuné en la cocina y repasé mis apuntes en el estudio de mi padre, aunque todavía no era consciente. Mi padre quiso acompañarme a la puerta del instituto. En la puerta, le pedí que se fuera; quería entrar solo. Tuve que encender un cigarro porque me puse nervioso al ver a tantos chicos y chicas. El cigarro me supo a "Fortuna". Ese fue el momento en que me di cuenta. Estaba visitando mi pasado.

Desde la clase de Tarot del martes anterior, intuía que ir a Valencia significaba enfrentarme a mi parte más vulnerable. Pero no fue así. No me enfrenté a nada. Todo lo contrario. Reviví la misma sensación -que no me gustó- y decidí no ser tan duro conmigo mismo, porque volví a querer hacer todo lo que he hecho desde que, hace doce años, entendí que mi lugar no estaba allí, ni física ni mentalmente. La diferencia es que ya no era nada personal, y mi vida no iba en ello; la situación, en lugar de restarme energía, me dio muchas ganas de seguir adelante. No hay nada como coger al toro por los cuernos y luego ser un poco autocomplaciente.